El Partido Verde se hizo chiquito -poca cosa, como realmente es en las urnas- en el Congreso del Estado.
El motivo: las diputadas locales Katalyna Méndez, Blanca Anzaldúa Nájera y Silvia Chávez Garay decidieron abandonar la supuesta bancada legislativa del Partido Verde para incorporarse al Grupo Parlamentario del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) en el Congreso del Estado.
¿Por qué dejaron ‘El Tucán’? Por la sencilla razón de que existe un proceso de afiliación masiva morenista. Ellas y los grupos que en realidad representan tienen el corazón guinda.
Los casos de Blanca Anzaldúa y Silvia Chávez son muy claros: al ser integrantes del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), recibieron la indicación de su dirigente nacional, Alfonso Cepeda Salas, de incorporarse a Morena.
Por su parte, Katalyna Méndez es morenista. Así está identificada por todos. Siempre ha sido vista así. Nadie la relaciona con el PVEM.
De hecho, es consejera estatal del partido de la 4T. Formaba parte del Verde en el Congreso del Estado dentro del acuerdo para fortalecer esa bancada, pero su color real es guinda.
En ese sentido, están fuera de lugar los reclamos de la dirigencia nacional del Partido Verde en contra del gobierno tamaulipeco, al que acusan de presionar políticamente a las tres diputadas locales para que abandonaran ‘El Tucán’.
Es un reclamo mentiroso de la senadora Karen Castrejón, quien, por lo visto, desconoce lo que sucede en Tamaulipas o, de plano, fue engañada por Manuel Muñoz Cano, dirigente estatal verde, con un análisis bastante distorsionado.
Para comenzar, el Partido Verde no ha construido una militancia propia en tierras tamaulipecas. Sus campañas de afiliación han resultado un fiasco. Esa es la verdad, le duela a quien le duela.
A la hora de presentar candidatos ‘competitivos’ dentro de la alianza de la 4T tienen que recurrir al denominado ‘siglado’. Es decir, prestan sus siglas para que los aspirantes a un cargo de elección popular compitan con su bandera. Esos fueron los casos de Katalyna Méndez, Blanca Anzaldúa y Silvia Chávez.
Ellas fueron ‘verdes’ por un compromiso establecido en una coalición electoral y, posteriormente, parlamentaria. Hasta ahí.
Además, el reclamo del Partido Verde está fuera de lugar por otra razón: su peso electoral es raquítico.
En la elección por la senaduría vacante de 2023 (tras el lamentable fallecimiento de Faustino López), ‘El Tucán’ apenas obtuvo el 4 por ciento de la votación total. El candidato verde fue Manuel Muñoz Cano y se topó con la realidad.
Fue una elección en la que arrasó Morena con el 72 por ciento de los votos. Con el poder de la marca guinda y la labor de la estructura morenista, José Ramón Gómez Leal salió avante, sin problema alguno, del proceso electoral.
En 2024, ni siquiera con el mediático regreso de Eugenio Hernández Flores el Partido Verde pudo conseguir la senaduría. Si bien en un inicio, ‘Geño’ en fórmula con Maki Ortiz (lo que nunca se debe olvidar), causaron mucho ruido, finalmente quedaron en el tercer lugar de la contienda con una votación que rondó el 12 por ciento.
Esa elección demostró que Morena no necesita al Partido Verde en Tamaulipas. No lo necesita para competir en las urnas. Esa es la verdad. Lo demás son ‘cuentas alegres’ de algunos.
Para colmo del seudo ecologismo convertido en partido, el reclamo verde al gobierno tamaulipeco llega en muy mal momento: justo cuando ‘El Tucán’ le juega la contra a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y bloquea la reforma con la que se impediría el nepotismo en los cargos de elección popular a partir del proceso 2027.
Cuando se enteren en Palacio Nacional de lo sucedido en el Congreso de Tamaulipas, seguramente van a aplaudir la decisión de las tres diputadas locales que ‘abandonaron’ la bancada del Partido Verde para incorporarse de lleno a Morena.
No sería una mala idea que eso también pasara a nivel nacional: que los diputados federales supuestamente ‘verdes’, pero que ganaron porque los votantes los identificaron con la bandera guinda, se sumaran a la bancada mayoritaria morenista.
Lo que seguramente sí va a suceder en Tamaulipas en la elección local de 2027 es que Morena rompa su alianza con el Partido Verde… como preludio de lo que acontezca en el proceso electoral por la gubernatura de 2028.
Esa sería la mejor decisión: si el ‘Verde’ se siente muy ‘picudo’, pues que vaya solo a las urnas. Es más, que vaya con Maki. Ya lo hizo en la contienda por la senaduría de 2024 y fracasó. Sin aliados, Morena, con una votación récord, se llevó una clara y contundente victoria.
Eso es lo mejor que pueda pasar para ambas partes, para el PVEM y para Morena. Para que estar simulando. Las cartas sobre la mesa. Si Karen Castrejón y Manuel Muñoz Cano creen que merecen más, pues que lo trabajen en territorio, que se la jueguen… a ver si pueden… con el antecedente de que ya lo intentaron en dos ocasiones (2023 y 2024) y fracasaron rotundamente.
Mientras tanto, que se dejen de reclamos mentirosos y de pataleos que solo reflejan una mentalidad trastocada, caprichosa e infantil.
Y PARA CERRAR…
En el epílogo del libro ‘La Mafia Verde’, sus autores Paula Sofía Vázquez Sánchez y Juan Jesús Garza Onofre se plantean la siguiente e inquietante pregunta:
‘¿Qué hicimos mal como democracia para que uno de nuestros productos finales y mejor acabados sea un engendro como el Partido Verde?’.
Este libro recopila la historia de escándalos y traiciones de un ambicioso y oportunista partido integrado por familiares y amigos, una élite que aprovecha al máximo las recurrentes fallas e incongruencias del sistema electoral mexicano.
Publicado en marzo de 2023, ‘La Mafia Verde’ no alcanza a relatar las traiciones, los atropellos y los excesos recientes de una organización que se dice ecologista pero que se ha mantenido en el escenario en base a una maquiavélica política de alianzas donde ‘El Tucán’ ha obtenido dinero, poder e influencia más allá de lo que vale.
Lectura recomendable para entender lo que es una agrupación política encabezada a nivel nacional por un cínico y pervertido junior.
